Ir al contenido principal

A medianoche...


Sueños interrumpidos
cuando las manecillas se alzan jubilosas.
Tan cerca que parecen ser una,
una en un instante.
Tu voz tiñe el aire de belleza
como la primera vez que la escuché.
Tu aliento embriagador me atrapa,
es una telaraña del tiempo.

Miro tus ojos...
El fin del mundo se vislumbra en ellos.
El calor me alcanza mientras huyo,
mientras mi existencia trata de escapar
sin moverse un ápice de mi lugar.

Vemos
el pasado y el futuro como una sola cosa,
una en un instante.
Esta noche nos encontramos de pie,
uno frente al otro,
como manecillas de nuestro destino.

Al final de la noche
los demonios regresan a sus cajas.
El frío me recuerda su existencia,
el viento me susurra incoherencias.
Y estás allí, conmigo,
manteniendo tu preciosa sonrisa,
una en un instante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dorado

El océano dorado me acompaña inunda mi retina y llega a mi mente. Dorado, el sol como un rey se asoma. Dorado como tu alma, como el brillo de tus ojos mirando al cielo. En este atardecer que baña todo con el oro tus ojos se convierten en faros de mi corazón, y tu sonrisa como barrotes dorados  que encierran tu dulce voz para que no escape, para que no embruje el universo como lo has hecho con mi alma. Déjame ser como el dorado, brillante, esplendoroso, imponente. Como las luciérnagas que en medio del ocaso  nos escriben algo a lo lejos, algo que, quizás, no sea un adiós. 

Colombia Soy

Soy las sinfonías nocturnas de la selva que lo envuelven todo. Soy esa brisa marina que trae melodías de ballenas y olas con promesas. Soy ese café de la montaña endulzado con panela y con tu voz. Soy ese deseo que huele a orquídeas en tu cuello. Soy un bosque color verde esmeralda, y una esmeralda color verde bosque. Soy el sabor de la uchuva, el lulo, la guama, el borojó, el zapote. Soy un frailejón danzando en los páramos bajo la lluvia. Soy un ajiaco santafereño, una bandeja paisa, un pandebono valluno. Soy una catedral en el corazón de la montaña que sabe a sudor y lágrimas. Soy un oso de anteojos que no sabe leer. Soy un amor en los tiempos del cólera. Soy cien años en Macondo, rodeado de mariposas amarillas. Soy poemas nocturnos, llegando directo al corazón. Soy una trenza dejada como promesa de un amor eterno. Soy el hijo ausente perdido en la tierra del olvido. Soy unos pies descalzos recorriendo los caminos de la vida. Soy una cucharita que se perdió en mi pueblo ...

129

Detrás de los espejos rotos, detrás de ellos escucho tu voz. Esa melodía que me guía entre fragmentos, que me lleva a través de episodios muertos, de momentos que son imágenes del pasado. Recuerdos deformados por el lente de los años que no dejan lugar al sentido común.