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Mostrando entradas de junio, 2011

La Mujer que me Trasnocha

La mujer que me trasnocha es una diosa en mis tiempos paganos.
Es fuerza, es amor, es ritmo.
Ella tiene más vidas que un gato
y desafía todos los meses a la luna.
La mujer que me trasnocha es una guerrera de tiempos ancestrales
encarnada en un ser divino lleno de cualidades.
Reza un rosario con las estrellas
y limpia su alma con la luz de la luna llena.
La mujer que me trasnocha es un ángel,
es un sueño hecho vida,
resplandeciente como el sol.
Tiene rayos encerrados en sus ojos
y en su voz la más hermosa melodía.

Ahora, ella es quien me trasnocha.
Yo la trasnoché mucho antes,
cuando mi llanto la despertaba en la madrugada,
Cuando me dio su calor, su amor,
cuando me dio su tiempo y su alma.
Desde siempre, a la mujer que me trasnocha la llamo madre.


Espirales

Espirales que giran en mi vida me llevan nuevamente a mis errores, me arrastran por el mundo con promesas ofreciéndome con sus labios seductores de este mundo y de otros su belleza.
He caído muchas veces en su juego, he seguido el dulce susurro de su voz. Muchas veces vuelvo a hacer las cosas con empeño pero igualmente me espera su destino atroz del que soy yo únicamente el dueño.
Pero no dejaré de intentar ser feliz por mucho que esos espirales me convenzan. En algún momento en mi vida podré reír y mis ojos sin una lágrima amanezcan y que los errores no afecten mi porvenir.

Hoy

Se nos marchita el mundo,
una rosa moribunda levanta su rostro al cielo por última vez.
El viento decide llevar palabras de tristeza y soledad.
se nos acaba,
Los sueños esparcidos por la ceniza y el humo.
El cielo caído a trozos sobre el océano gris.
Hoy es quizás el último día,
hoy quizás sea el último suspiro, la última lágrima, el último sollozo.
Pero también puede ser la última risa, el último beso, el último abrazo.
No importará el ayer,
no importará el mañana,
solo importa el hoy.

Princesa sin Reino

No sé cuándo ocurrieron estas cosas.
Cuándo tus manos se alejaron de las mías.
Cuando el susurro que manaba de tus labios,
que llenaba mis oídos de letanías
embriagaba mi ser con desagravios.

Triste y solo la orilla del camino aprecio
y mirando por los atardeceres de sangre,
ver tus labios pintados en el cielo.
Puedo sentir el latido de tu carne
mientras me sigo arrastrando por el suelo.

Eres una princesa sin reino para regir
con sólo un bufón a tu disposición.
Sin castillos y sin sueños que tejer
pero tampoco deseas oir la canción
que te toco y con la que te deseo entretener.

Princesa de un mundo que otros abandonaron,
solo queda este fiel servidor a tus pies.
En este castillo lleno de silencio y soledad,
la puerta abierta y espero que la despedida me des
porque este hombre te dice adiós y empieza a marchar.