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Mostrando entradas de abril, 2011

Soledad

Al estar en medio de esta habitación me pregunto qué me espera en el futuro. Si podré al final dar tranquilidad a mi vida o si por el contrario el destino rudo me haga esperarla hasta el resto de mis días.
Cuando pienso en lo que está aconteciendo me entristezco por ver mi porvenir, en el cual no encuentro algo valioso. Solo espero poder encontrarlo y reír y olvidar mi pasado temeroso.
En medio de las noches y los días encuentro refugio en la oscura soledad. Paso mi mirada y recorro mi vida rodeada de belleza sin igual esperando la muerte en el camino de ida.

Una Flor Anónima

-¿Qué hace una ballena con una rosa? Va a tratar de enamorar a las olas cuando estén a solas. ¿Y un tiburón? Los incongruentes gritos se dejaban escuchar por todo el hospital psiquiátrico. De todos los pacientes, éste tenía orden estricta de mantenerse sedado. Por alguna razón este hombre, conocido como El Asesino de la Rosa, había despertado. ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo? No lo sabía con claridad. Igual no pensaba con mucha claridad, nunca lo había hecho. Fue difícil atraparlo, era un nómada. Aunque empezó asesinando de formas sutiles y sin llamar la atención, al final estaba asesinando a cualquiera que tuviera la mala fortuna de cruzarse con él, siempre que el asesino tuviera una rosa para dejarla junto al cuerpo sin vida. Mientras estaba recluido, había asesinado a cuatro enfermeros, así que decidieron mantenerlo sedado todo el tiempo. Ahora se despertaba de un largo trance y tenía hambre. -Me comeré un filete, no importa si está crudo. La puerta de máxima seguridad, aquella que lo…

Anoche

Anoche le robé un poco de magia a los sueños
y te hice aparecer de repente.
En medio de la oscuridad
tus ojos iluminaron el mundo.
Me sonreíste un instante
y en ese momento el cielo se iluminó,
de repente, como si la fantasía cobrara vida,
como si respirara delante mío.
Anoche le robé un suspiro al otoño
y lo convertí en tu dulce voz,
lo transformé en tu delicioso acento.
Tu voz inundó el ambiente.
Me hablaste por un momento.
Allí, las estrellas empezaron a bailar,
como si el cielo cantara dulces melodías,
como si se escuchara al océano frente a mí.

Dorado

El océano dorado me acompaña
inunda mi retina y llega a mi mente.
Dorado, el sol como un rey se asoma.
Dorado como tu alma,
como el brillo de tus ojos mirando al cielo.

En este atardecer que baña todo con el oro
tus ojos se convierten en faros de mi corazón,
y tu sonrisa como barrotes dorados 
que encierran tu dulce voz para que no escape,
para que no embruje el universo
como lo has hecho con mi alma.

Déjame ser como el dorado,
brillante, esplendoroso, imponente.
Como las luciérnagas que en medio del ocaso 
nos escriben algo a lo lejos,
algo que, quizás, no sea un adiós.